Cómo conquistar el mundo... con los zapatos adecuados

Tacones… ¿alguien los recuerda?

Ese calzado femenino, tremendamente audaz y llamativo que tiene su propio lenguaje al comunicar, a veces elegancia y en ocasiones sensualidad, casi siempre ambas cosas… se trata indudablemente de la prenda menos usada en este confinamiento (decían que el brassiere , pero eso es mentira , pues aunque sea un bralette - su variante informal - se tiene que usar, ya que en las llamadas virtuales se alcanza a ver el escote, pero no los pies).


El poder de los zapatos










 


Ese “ clac, clac, clac ” que se escucha al avanzar, que se hace más fuerte o con más eco según el piso y la acústica del lugar. Esa estética que brindan casi de manera instantánea a unas piernas que lucen más largas y marcadas cuando el pie se enfunda en este invento del hombre.


Y sí, digo hombre a propósito, refiriéndome al sexo masculino. Parece increíble que una prenda tan codiciada por muchas mujeres sea creación de un hombre, pero a mí me parece bastante lógico, ¿o puede negarse que suelen ser este tipo de zapatos un elemento esencial del goce visual de los hombres cuando miran a una mujer que los usa? Agreguemos a esto un par de medias y una falda corta y ¡pum! Una chica tiene garantizada aunque sea una vista de reojo disimulado del varón que ose voltear instintivamente arriesgando la vida ante el celoso marcaje de su pareja, que encuentra esta prenda incómoda y que ha dejado de usar porque “ya está en confianza”, no hace falta impresionar al marido. ¿O miento? 


El origen de este objeto del deseo que proporciona seguridad a la portadora que sabe andar en ellos, proviene de Egipto, buscando que el manejo de la caballería resultara más sencillo con un poco de plataforma en los pies. Después, en la “bellíssima”  Italia, Da Vinci lo bocetó en algunos de sus inventos como un elemento funcional para la misma actividad. La primera evidencia de una mujer usando tacones se encuentra en la boda de Enrique II de Francia y Catalina de Médici, perfecto escaparate para que las chicas vieran y quisieran este nuevo accesorio (quien opine que un zapato es artístico, no está tan equivocado: no olvidemos que si algo amaban los Médici eran las obras de arte).Fue así como el oficio de zapatero dejó de considerar una actividad obrera para convertirse en una labor de prestigio y por encargo. La realeza y la nobleza no dejaban dormir a Nicolás Lestage con múltiples encargos, entre los que destacan sus diseños para Luis XIV y Madame de Pompadour.



Por ahí de 1760, el comerciante y diseñador Giacomo Pirandelli, mejor conocido como el barón de Styletto, inventó el tacón de aguja, el más sexy y sublime de los zapatos de tacón. El objetivo no era nada de lo descrito anteriormente, al menos no en un principio: lo que buscaba era mejorar el desempeño de los jinetes y que diera mayor soporte para las espuelas (interesante, ¿no? A mí ni se me ocurriría montar a caballo usando tacones). 


Con el paso del tiempo llegaron las plataformas, los tacones gruesos, las “cuñas” o tacones corridos… y aunque muchos no dejen de verlos sólo como utensilios para caminar, la selección de zapatos dice mucho de la persona que los lleva puestos. “Chanclas”, “zapatos de table-era”, “tenis de enfermera”, “mocasines de monja”, “zapatitos de abuelita” son algunos de los estereotipos más sonados. 


Pero volvamos a los stylettos, esos que son atemporales y bellos desde cualquier ángulo. Generalmente puntiagudos, alargados y estéticos, con un tacón que simula el tallo de una elegante copa de champagne y cuya silueta logra escribir la palabra “estilo” a lo largo del cuerpo de la fémina que se atreve a usarlos. 


Tacones "Cenicienta" de Jimmy Choo


Aaah, ¡extraño mis tacones! Están al alcance de mis manos, en mi habitación dentro de sus cajas y seguros guardados… diría que es esa sensación de “tan cerca y tan lejos”. Pero miento, no es el calzado lo que extraño, sino lo que implican y la manera en la que me hacen sentir: más alta, segura, sexy, hasta poderosa. Mas todo esto pierde sentido en casa: no necesito sentirme empoderada para sentarme frente a la computadora a trabajar, y tampoco requiero tanto glamour para trapear mi casa o ser más alta para cocinar. Uff ¿de qué sirve tenerlos si no puedo lucir sexy frente a mi amado?Ese placer de vestirme para él, de estilizar mis piernas con ellos como el elemento final de un conjunto de prendas de las que irá despojándome poco a poco, siendo casi los últimos en salir volando en un arranque de pasión… No, no añoro el objeto, añoro a mi amado que lee esto mientras piensa “tanta narrativa histórica, tanto rollo nerd, ¿para decirme que me extraña?”. Pues sí, así soy: busco maneras diferentes y creativas de expresarle la falta que me hace para no decir una y otra vez lo que en resumidas cuentas ya sabe: que le echo de menos.

Comentarios

  1. No soy muy fan de los tacones, pero bravo!!! Qué manera de "abordarlos"

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  2. Los tacones... cada mujer da una pisada diferente y se puede convertir en su sello... Recordé la película "Necesito dinero" protagoniza por Pedro Infante y Sarita Montiel, él se enamora de su andar, no conoce de ella más que su estilo al caminar, sus piernas y obviamente sus zapatos...

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    1. ¡Muy cierto! Muchas gracias por la aportación de cine mexicano : )

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