De personalidad y perfume: la fragancia como esencia del recuerdo

"El perfume es como el amor, sólo un poco nunca es suficiente". Estée Lauder

“Tu aroma es mi recuerdo”… Ese eslogan publicitario de Clyo de los años 80 resuena en mi mente no porque yo haya usado la fragancia que anunciaban (es más, yo ni siquiera había nacido), sino por lo acertado de su aseveración. 


De todos los sentidos, es el olfato el que genera memorias más profundas y a largo plazo. Yo aún recuerdo que, cuando era niña, mi mamá usaba Giorgio, de Beverly Hills y, si llego a percibir ese aroma fuera de casa, inmediatamente lo relaciono con ella y la época en la que lo portaba. Organza, de Gyvenchy, era el perfume que usaba mi maestra de Biología en la secundaria… nunca me lo dijo, pero en ese entonces mi nariz era muy buena para distinguir las fragancias, y ahora, cuando lo huelo, me remito a esas épocas en las que mis retos académicos consistían en crear modelos 3D del ADN o comprender la mitosis.


En su obra La química secreta de los encuentros, el autor Marc Levy escribió: “Perfumes de lugares, los que nos recordarán instantes que nos han marcado, momentos únicos e irrepetibles. ¿Sabía que la memoria olfativa es la única que no se deshace? Los rostros de aquellos a los que más amamos se desvanecen con el tiempo, las voces se borran, pero los olores nunca se olvidan”.


Los perfumes son como travesías en el tiempo. He usado varios a lo largo de mi vida y cada uno evoca una memoria o una época distinta. Los hay de vacaciones familiares y también de viajes de trabajo. De logros profesionales, de romances de ensueño y de corazones rotos. Unos más frescos y primaverales, otros más sobrios y elegantes, pero todos especiales.


Es innegable el poder de una fragancia y lo mucho que se relaciona con nuestra memoria. Tan es así que la Universidad de Dresden en Alemania se dio a la tarea de realizar un estudio para averiguar qué zonas del cerebro son activadas cuando un olor nos trae un recuerdo. El resultado indicó que los recuerdos generados por el olfato producían una mayor activación del cerebro que aquellos provenientes de las imágenes. 


Nuestro cerebro cuenta con un área específica para decodificar los olores: el bulbo olfativo. Ahí hay como mínimo mil micro-regiones que se especializan en los distintos aromas. Está conectado con la amígdala (que procesa emociones), y el hipocampo (enfocado en la cognición y la memoria). 


Con todo esto, no cabe duda que el autor J. Alfredo Díaz tenía un punto al escribir que “una mujer ha de tener muy en cuenta que han terminado más hombres en una cama por causa de un perfume, que por todos los vestidos y joyas del mundo”, en su obra La rosa de Tánger. Pero ¿de dónde viene la idea de usar perfume? ¿A quién se le ocurrió mezclar aromas? ¿Quién perfeccionó este arte? 

Pasemos, pues, a la historia.


Como sucedió con el lápiz labial, nos remontamos a la Antigua Mesopotamia, pues parece ser que fueron los sumerios los primeros en crear un perfume, ya que hay bastantes referencias a éste en su literatura. Sin embargo, fueron los egipcios quienes lo fomentaron como una industria. Eran los sacerdotes quienes los fabricaban: tenían laboratorios para elaborar esencias y ungüentos que ungían sobre las estatuillas de sus dioses, y también se destinaban al Faraón para algunas ceremonias.


Algunos años después, los persas mejoraron el proceso y maceraron flores en aceite hacia 539 a.C. Recibieron aromáticas flores exóticas provenientes de Arabia e India para crear fragancias en Babilonia.


Los perfumes llegaron a Grecia hacia 334 a.C., luego de la conquista de Alejandro Magno. Ahí se les consideraba de origen divino, e incluso pensaban que las mujeres que contribuían en su elaboración tenían poderes mágicos. Los griegos eran excelentes en el uso de la cerámica, por lo que no extraña que fueran ellos quienes crearan los primeros frascos de este material para almacenarlos. Su cercanía con el Mediterráneo fomentó que las fragancias viajaran al Cercano Oriente, llegando así a Italia y España, donde nacieron, oficialmente, los primeros perfumistas de profesión.


Lo cierto es que la industria perfumera debe mucho a los árabes, pues fue Avicena quien descubrió cómo destilar aceites de plantas, lo cual, al ayudar a conservar mejor los aromas, facilitó el comercio de fragancias y su traslado. El perfume se convirtió así en un símbolo de élite para el año 1000. 

Ahora bien, ¿por qué lo inventaron? La idea romántica del perfume no existió desde el principio. Hasta antes del siglo XIX, la falta de higiene era evidente en casi todo el mundo. París, la bellísima ciudad de la luz y cuna de muchas de las casas de moda y perfumería más reconocidas en el globo, era una ciudad de lo más pestilente. En muchos lugares no había o apenas se estaba implementando un sistema de drenaje, por lo que andar por las calles implicaba atestiguar muchos olores, la gran mayoría muy desagradables. Por eso, los aristócratas portaban un pañuelo perfumado, que acercaban a su nariz para evitar las náuseas de las esencias citadinas. 


Los pañuelos eran prendas muy cotizadas en ese entonces, y se usaban mucho para que los consumidores conocieran los aromas de los perfumes, así como por parte de sus creadores para revisar el resultado de la mezcla de esencias. Este proceso es muy bien descrito en la célebre obra El perfume, de Patrick Süskind, en donde su personaje Guiseppe Baldini trata de descubrir las notas de la fragancia de uno de sus competidores. 


Fue la emperatriz Eugenia quien popularizó el perfume, pues en 1853 decidió encargar uno diseñado para ella al químico y médico Pierre François Pascal Guerlain. ¿El nombre resulta familiar? ¡Así es! Aquí nació la perfumería más antigua que actualmente sigue operando, y su primer producto fue L’Eau de Cologne Impériale. Aún puede conseguirse esta exquisita fragancia en las tiendas departamentales donde Guerlain, la casa de la abeja reina está presente, y pueden encontrarse muchas otras esencias exquisitas (como La petite robe noire, uno de mis preferidos).


¿Y quién dice que no hay esencias de puerta en puerta? Por increíble que parezca, la California Perfume Company, más tarde llamada Avon Products Inc., nació cuando, en 1886, David McConnell, vendedor de libros a domicilio, fue lo suficientemente observador como para darse cuenta de que las mujeres que compraban sus libros disfrutaban más de la pequeña muestra de perfume floral (de su propia creación) que les obsequiaba que de los textos que adquirían. Este pequeño detalle cambió su vida y la de sus clientes para siempre, ofreciendo fragancias accesibles a millones de mujeres en todo el mundo.


Coco Chanel, mujer siempre innovadora, moderna y desafiante a su tiempo, hizo mancuerna con Ernest Beaux (conocido como “el primer nariz”) para crear la primera y más icónica de sus fragancias en 1921: Chanel No. 5, mismo que dejó su marca en la historia gracias a la siempre irreverente Marilyn Monroe, a quién le preguntaron en una entrevista con qué dormía, y respondió pícaramente: “Con dos gotas de Chanel No. 5, y nada más”.


El diseñador Paco Rabanne dijo que “moda y perfumes son dos pilares en pos de la seducción”, y vaya que esta alianza ha hecho eco. Actualmente, todas las casas de moda y belleza cuentan con perfumes, y las hay de todas partes del mundo. Tenemos a las más antiguas como Guerlain, Chanel, Dior y Gyvenchy; a las clásicas con toques de modernidad como Lâncome, Loewe, Carolina Herrera, Nina Ricci y Estée Lauder; a las atrevidas con Kenzo y Moschino… y muchas más. Todas ofreciendo una amplia gama de aromas para todos los gustos y edades.


Dice Christian Dior que “el perfume dice más de una mujer que su propia letra”.… lo cierto es que hombres y mujeres usan perfumes. Los hay para cada género y también unisex. Hay quienes adoptan una fragancia como propia para siempre y quien la cambia según la época del año; hay quienes las eligen según la ocasión o estado de ánimo. Lo cierto es que nuestro aroma puede quedar plasmado en la memoria para siempre, y es ahí en donde radica su importancia.


Se trata de una industria que factura 1.312 millones de euros al año y que invierte buena parte de su presupuesto en publicidad. Pero ¿cómo lo consigue si no se puede oler un comercial de televisión o un cartel en la parada del autobús? Simple: se dirigen a nuestras emociones, a nuestra personalidad y a nuestros deseos. Amor, glamour, paisajes de ensueño, riquezas, calma, belleza, estatus, sensualidad, felicidad, juventud… ¿no son éstas (algunas o todas) imágenes que deseamos que se asocien a nuestra persona? En ningún anuncio vemos que nos digan: “con notas de pachulí y café en la base, y jazmín y naranja en la salida”, ¿verdad? Aunque ésa sea información del producto, no es realmente la información más relevante. Para que le demos oportunidad a una fragancia, debe haber un guiño primero, y éste se da a través de ese mensaje en el que se conecta con nuestro carácter y aspiraciones.

A menudo existe la pregunta sobre la diferencia entre eau de parfum y eau de toilette. La primera tiene una mayor concentración de todas las notas que conforman la fragancia, suele decirse que tienen buen fijador porque puede durar varios días en nuestra piel, aún después de la ducha. El segundo, traducido como “agua de tocador” es una fragancia sutil, en donde las notas predominantes del perfume son las de salida. 


¿Cómo distinguir un buen perfume? ¿Cuál es el mejor para cada quien? En mi opinión, es aquel con el que nos identifiquemos y sintamos cómodos, cuyo aroma nos provoque una sensación de fusión total, como una pieza que nos toca con sus tres acordes (cabeza, corazón y base), en la que no nos ponemos un perfume, sino que se adhiere a nosotros al ser el lenguaje olfativo de nuestra mismísima esencia porque…


“Un perfume exitoso es aquel cuya fórmula es tan hermosa como la fragancia… Aquel que hace que la persona que lo lleve sonría y despierte el deseo en su amante…” - François Demachy.

Comentarios

  1. La autora se preocupa por documentarse y glosar la información, dando un acertado hilo conductor... Entre literatura, química, amor, publicidad e historia.

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    1. PD. Acertado vincular información del texto anterior 😉

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    2. ¡Hola Gretel! Muchas gracias por tus comentarios y por notar el vínculo, jeje. Es un pequeño easter egg para los lectores :)

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  2. Muy aromático Jajajaja de verdad evocas la sensación de llevar un buen perfume , agradable de principio a fin muchas felicidades

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    1. ¡Muchas gracias! Te dejo una frase más de Coco Chanel que omití del post por cuestiones de longitud: “El perfume anuncia la llegada de una mujer y alarga su marcha”.

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  3. Me encanta toda la información que plasmas, que forma ta única para aprender!!

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    1. ¡Gracias por tu comentario! Trataré de siempre agregar temas interesantes.

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  4. Buena fórmula de transportarnos y conducirnos por mágicos paisajes olfativos..padrísima! 👏🏻

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    1. ¡Muchas gracias! Así es, la memoria olfativa también nos hace viajar a momentos y épocas : )

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