Audacia y belleza: la elegancia resumida en el clásico vestidito negro

“Nunca se está demasiado vestido o mal vestido con un pequeño vestido negro.”
― Karl Lagerfeld

“Viste de forma vulgar y recordarán el vestido. Viste de forma elegante y recordarán a la mujer”.

― Coco Chanel



Audacia, belleza, elegancia, pero también luto, practicidad y sobriedad. Todas ellas características que me han descrito a lo largo del tiempo. 


Mi historia es la de una vampiresa que ha pasado siglos en este mundo, a veces discretamente y otras siendo un auténtico escándalo. Me gusta pensar que nunca he pasado desapercibido, aunque claro, dependo completamente de quien me porte. Sobrevivo a toda tendencia porque ya no soy sólo moda, sino estilo.


Permítanme presentarme: soy el pequeño vestido negro. Mi nombre profesional es Little Black Dress y también me llaman por mis iniciales: LBD. En Francia, me conocen como La petite robe noire y todas las mujeres del mundo me han tenido en sus armarios. Puedo ser básico y simple, pero siempre esencial. Hay quien me considera un sinónimo del vestido cocktail, pero creo que voy mucho más allá: cualquiera que se considere alguien, desde Édith Piaf hasta Lady Di, me ha traído puesto no sólo como prenda, sino como una pieza de empoderamiento y seguridad.



Debo admitir que por siglos me sentí discriminado. Todo mundo me consideraba la vestimenta oficial de los funerales, algo que a nadie le gusta presenciar. En estas épocas, me encontraba siempre hasta abajo en los baúles de ropa, o en las esquinas de los armarios, colgado y arrugándome hasta que se diera la ocasión de sacarme y “lucirme”, pero ¡vamos! ¿Quién se fijaría en mí en circunstancias tan penosas? 


Puedo agradecer a Felipe III de Borgoña (también conocido como Felipe El Bueno o Gran Duque de Occidente) una mejora en mi reputación, pues empezó a utilizar atuendos negros para distinguirse de otros miembros de la corte que usaban colores brillantes, especialmente clérigos. Pero eventualmente, esa tendencia se perdió y el negro volvió a simbolizar pérdida y muerte. 


Esperé muchos años, hasta que los filósofos bohemios reinstalaron el azabache como una tonalidad chic. Goya, Blake, Delacroix, Turner, Géricault, Ruskin… ellos tienen más en común que pertenecer al Romanticismo: todos portaban negro como símbolo de cultura y elegancia. 


Luego de la Primera Guerra Mundial, el negro se hizo fundamental en la vestimenta de las personas en Europa y América. Ya no era sólo símbolo de penas, sino de practicidad, pues muchas mujeres se unieron a la fuerza laboral. Aquí comenzó oficialmente mi viaje con las mujeres, siendo parte de su día a día, en el que no sólo las que trabajaban como sirvientas me usaban como uniforme por lo mucho que disimula las manchas mi oscura tonalidad. Féminas de muy diversas profesiones vestían conmigo y atestigüé los muchos logros de cada una de ellas: científicas, escritoras, secretarias, artistas… qué bien se sintió salir del clóset casi a diario luego de estar años empolvándome. Sin embargo, aún no me convertía en la distinguida y deseada pieza que llegaría a ser.


Entonces llegó la mujer que vio mi potencial cuando nadie más creía en mí. Ella los desafiaba a todos y siempre tenía una respuesta lista a cualquier argumento. Mi querida Coco. Bien dijo ella que “había muchas duquesas de Westminster, pero sólo una Chanel. Ella me dio mi primera portada de revista en Vogue en la primavera de 1926, cuando un boceto suyo en el que yo aparecía hizo al mundo mirarme como la paradoja perfecta: modesto, pero audaz; simple, pero elegante. Adornado con un sencillo collar de perlas, lucía como la solución al contexto. Era la respuesta a la escasez de textiles que llegó con la Gran Depresión, en la que la gente vivía frugalmente, pero a la vez poseía fuerza y carácter, comodidad y gracia. Era simplemente perfecto. 



Fui tan icónico que me apodaron “el Ford de Coco Chanel”, y con esta inspiración, nacieron todas las demás versiones modernas de mí en todo el mundo. Durante la década de 1930, fui el estilo flapper que todas querían vestir en la era del jazz. El renombrado Christian Dior quiso actualizarme, ensanchando mi falda y marcando más mi cintura, dando origen a una tendencia llamada New Look. Me sentí lleno de poder, tenía muchas caras y cada una me confería múltiples posibilidades. 


A partir de este momento, todo sucedió muy rápido y me convertí en una incuestionable diva de Hollywood. Mi tonalidad fue una ventaja, pues el Technicolor no me distorsionaba. Sus más bellas mujeres me portaron en la gran pantalla y fuera de ella. Nunca olvidaré la primera vez que me sentí sexy; fue de la mano de nada más y nada menos que Marilyn Monroe, cuando me usó en la película Jungla de asfalto. Me portaba con tal seguridad que se convirtió en la chica más deseada de la Tierra: sus hombros estaban descubiertos y me ocupé de cubrir el escote lo suficiente para que luciera elegante y a la vez sugestivo. 



El momento cúspide llegó en 1961, cuando la grácil Audrey Hepburn hizo historia al unir dos poderosos mundos en Breakfast at Tiffany’s: cine y moda. Hubert de Givenchy me rediseñó para ella; aquí mi silueta fue alargada, mi espalda descubierta, sin mangas… nuevamente me acompañaba un collar de perlas (curioso cómo nuestros caminos se han cruzado una y otra vez), además de un par de largos guantes y una tiara. Y aunque reconozco el mérito de todos estos accesorios, yo era el que más brillaba aún sin diamantes. Tan es así que, en 2006, fui subastado por la magnífica cantidad de 467,200 libras. Ya no cabía duda, había llegado para quedarme.


Todas me portaban, todas me deseaban. Hasta la muñeca Barbie, con su acostumbrado rosa y colores pastel, quiso una mini versión mía en 1964, y me llamaron Black Magic.



En los años 70 y 80, muchos fashionistas pensaron que las tendencias iban más hacia los colores brillantes. Para mis adentros pensaba ¿qué les pasa? Yo tengo todos los colores, por eso mi belleza es absoluta. Combino con todos. ¡¿Cómo se atreven?! Así que en 1990 regresé con todas mis fuerzas. Versace y Liz Hurley me ayudaron a adquirir una forma más sensual y atrevida, en la que la modelo pudiera lucir sus curvas. Y la princesa Diana me revitalizó: me llamaron el “Revenge Dress” (vestido de venganza)… juntas trazamos el camino a la inmortalidad.


Aún lleno de renombre y éxito, no podía olvidar a mi querida Coco, quien me vio cuando era casi invisible. Y me parece que Karl Lagerfeld pensaba igual, pues en la colección de primavera - verano de 2005 de Chanel, me hizo desfilar en todas mis posibles versiones. La crítica dijo que yo, el vestido negro, era el fetiche de la maison francesa. Caminé con todas las modelos y en cada una me sentí diferente: profesional, recatada, elegante, sensual, atrevida, inocente… cortes y siluetas fueron todo un lenguaje que para nada necesitó de otro color que no fuese el mío.


Fue en 2010 que el mundo académico me reconoció también, pues mi apodo LBD fue, por fin, incluido en el diccionario de Oxford. Por esas fechas, la cosmética también me hizo justicia: fui la inspiración de Thierry Wasser, nariz de Guerlain, para crear una serie de fragancias con mi nombre más formal: La petite robe noire. ¿La premisa? Que este perfume es, a su manera, un vestido invisible, un juego entre aquello que se oculta y lo que se revela, ¡justo como yo!



Seré por siempre icónico. Mi accesibilidad, simpleza y adaptabilidad me distinguen. Ninguna otra prenda ha sobrevivido como yo, que me ajusto a las tendencias de cada época y necesidad, y luzco siempre actual, nuevo, deseable… 

Amo todas mis caras: soy una actriz, una princesa, una escritora, una maestra, una reportera, una bailarina, una científica, una investigadora, una doctora y una viajera… todas al mismo tiempo. Soy la definición de la elegancia contemporánea sin esfuerzo alguno. Aprendí que el lujo no es lo opuesto a la pobreza, sino a la vulgaridad. Me di cuenta de que mi papel era el de vestir, y no el de hacer. Todas las que me portan deben saber que, en sí, no es la ropa, es su clase la que les da esa belleza al lucirme. Es su actitud, su seguridad, su confianza. Es pensar como yo lo hice para vivir todos estos años: “La elegancia tiene lugar cuando el interior es tan hermoso como el exterior”.



Comentarios

  1. Woooo me encantó, es una pieza clave cdel guardarropa

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  2. Eres una gran escritora y apasionada de la moda este blog va para libro!!!

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    1. ¡Muchas gracias! Me da mucho gusto que disfrutes mis publicaciones. Ojalá que un día se conviertan en un libro, jeje.

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  3. Me encantó!! Simplemente interesante, atractivo e ilustrativo.
    Al pendiente del próximo.

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    1. ¡Muchas gracias! Me da mucho gusto que lo hayas disfrutado. El siguiente vendrá en unos días.

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  4. Wow! Que gran manera de describir a un elemento clave en el guardarropa de una mujer! 👏🏻👏🏻

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  5. La autopresentación del vestido negro, una manera divertida y ágil de llevar al lector por una historia bien documentada. 😉

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