El telón de tu mirada: el lenguaje de las pestañas

“Tus pestañas escribirán en mi corazón el poema que nunca podrá venir de la pluma de un poeta” — Rumi


“Tus pestañas hacen a las mías querer suicidarse de vergüenza” — Kasie West, Pivot Point


Si los ojos son la ventana del alma, somos algo así como sus cortinas. Si la mirada cuenta una historia, nosotras definimos su género. De figura delgada y alargada, somos un conjunto de filamentos cuya labor de protectoras ha evolucionado con el paso de los siglos a una posición co-protagónica del rostro humano. 


Sugestivas, coquetas, tímidas o dramáticas. Hipnóticas, misteriosas, sensuales o hasta déspotas. Nosotras definimos el carácter de tus ojos y poseemos tanta expresividad como las más osadas pinturas de Schiele. Somos tus pestañas.



Te hemos acompañado desde antes de tu nacimiento: nos desarrollamos en los embriones desde la séptima u octava semana de gestación. Estaremos contigo a lo largo de toda tu vida, cuidando tus ojos de la luz y de cualquier elemento externo que pudiese ensuciarlos o lastimarlos. Nuestra alta sensibilidad nos ayuda a reaccionar con un movimiento reflejo para provocar que cierres tus párpados cuando detectamos a cualquier intruso, y aunque no lo parezca, nos conforman al menos 100 alargados soldaditos organizados en alrededor de tres filas en la parte superior, y varios más en la inferior. Nuestro crecimiento es relativamente rápido: nos toma entre 30 y 45 días llegar a nuestra máxima extensión, permanecemos así de 2 a 3 semanas, y después caemos para crecer renovadas y fuertes. Muchos piensan que puede pedirse un deseo a una pestaña caída si se adivina en qué dedo de la mano queda adherida al tomarla… ¿quién sabe? Quizás te lo cumplamos.


Si los ojos fuesen flores, seríamos la corola que los cuida y decora. Desde siempre, el ser humano nos ha considerado un elemento de indiscutible belleza en su mirada: mientras más largas, gruesas y oscuras sean las pestañas, más hermosura confieren a la mirada. 


Pensemos en los antiguos egipcios, donde hombres y mujeres nos maquillaban por igual; la razón principal era proteger sus ojos de los rayos del sol, por lo que nos ungían con Kohl, una mezcla de talco, plomo y malaquita disueltos en grasa animal. Años después, ésta fue sustituida por otros aglutinantes como la cera de abejas y las resinas, compuestos más amigables con nosotras. 


Como buenos amantes de la belleza, los griegos buscaron perfeccionar esta sustancia e idearon estilos de maquillaje en donde mi papel era primordial. Ya en tiempos del Imperio Romano, maquillarnos era un hábito casi exclusivo de las mujeres, quienes nos deseaban abundantes, y tan gruesas y largas como los látigos de sus gladiadores en El Coliseo. Para lograrlo, a veces mezclaban el Kohl con un corcho quemado, logrando con ello curvarnos. 


Estatua Ariadna DurmienteDetalle de Ariadna Durmiente

La primera estatua en la que aparecemos data de 100 a.C. Se trata de
Ariadna Durmiente, colosal monumento creado durante el imperio de Adriano en Roma; se trata de Ariadna, la hija del rey Minos de Creta, durmiendo en la Isla de Naxos, luego de que su Teseo la abandonara. 
                                

Éramos símbolo de pureza y castidad, y las féminas ansiaban que sus ojos lucieran grandes y enmarcados por nosotras, pero sin apelmazarnos, por lo que también humedecían cotonetes de marfil o madera en agua o aceite y nos aplicaban antimonio y hollín. Esto llegó a complicar nuestro trabajo de higiene, pues estas sustancias podían llegar a ser algo tóxicas al contacto con los ojos, y aplicadas en exceso, causarían nuestra caída prematura y excesiva. 


Vimos nuestra era más oscura en la Edad Media. En estos tiempos, se consideraba que la parte más erótica y hermosa de un rostro femenino era la frente, por lo que se busco ampliarla y, con ello, nosotras y nuestras primas las cejas, salíamos sobrando: fuimos eliminadas sin piedad dando lugar a varias generaciones de párpados calvos y frentes alopécicas, además de varias infecciones oculares, sin duda alguna. 


En la Era Isabelina nos dejaron crecer de nuevo, pero sólo para teñirnos de rojo: era el color de la cabellera de la reina y, por lo tanto, la moda de la corte. Muchas de las sustancias que usaban para tal efecto tenían un enorme grado de toxicidad, ocasionando nuestra caída. 



En el siglo XIX, el perfumista franco-inglés Eugène Rimmel inventó el producto que lleva su nombre, pero hubo que esperar hasta 1913 para que llegase un ungüento digno de nosotras. Los hermanos Mabel y Williams le dieron un giro a todas estas sustancias que nos sacrificaban en pos de las tendencias: hicieron una mezcla de carbón y vaselina de petróleo en forma de pastilla, que se aplicaba humedeciendo un pincel. De la unión de sus nombres nace Maybelline, una marca que nos ha “vestido” por poco más de un siglo y que comenzó vendiendo este producto bajo el nombre de rímel como un homenaje a su creador original.



Fue entonces cuando Hollywood nos prestó atención. Ya ataviadas con este maquillaje, dotábamos a sus actrices de una amplia gama de expresividad, con la que decían de todo sin emitir sonido. Incluso en la animación, la carismática Betty Boop hacía alarde de sus enormes ojos batiendo sus pestañas rápidamente. Para 1916, se inventaron las pestañas postizas, una versión artificial de nosotras sumamente popularizada por el director David W. Griffith, siendo la actriz Mary Pickford una de sus mayores exponentes. Su uso se hizo más común en la década de los 30, y ya para los 60’s su auge era tal que hasta protagonizaron portadas de revistas.
 




Aún así, maquillarnos seguía siendo lo más habitual. En 1933, nuestro aliado cosmético dejó de llamarse oscurecedor, ahora le decían “máscara de pestañas”. Quizás porque era nuestro atuendo ante el mundo, y las mujeres ya no querían salir de casa sin ungirnos con éste.


Fue por esas fechas que se inventó otro gran amigo nuestro: el ondulador. También conocido como rizador, este arquitecto de acero inoxidable corrige nuestra postura para que mantengamos la mirada en alto, capaz de seducir con un solo aleteo (o varios). 


Unos años después, en 1940, el polaco Max Factor creó las primeras máscaras de pestañas a prueba de agua con las actrices de cine en mente: llorar en la gran pantalla era un verdadero drama para la producción al tener que retocar el maquillaje cada toma por lo mucho que se corría a causa de las lágrimas. Debo admitirlo, la idea era excelente, pero la fórmula aún era bastante mala, porque nos adhería cual plastas quitándonos toda sensación de ligereza y movimiento: ¡era como intentar bailar con los brazos atados al tronco! Afortunadamente, se mejoró poco a poco hasta llegar a las waterproof de hoy en día, hechas a base de solvente volátil y ceras animales, vegetales y minerales. 





Llegaron los 50’s y con ellos, Revlon nos trajo otra inseparable amistad: el primer rímel en tubo con vara en espiral. Sin embargo, fue Helena Rubinstein quien creó el cepillo aplicador en 1957, ¡Por fin podíamos ser maquilladas de manera uniforme y sin pegarnos tanto! Además, esto disminuyó bastante a los molestos grumos. 


A partir de ese momento, los reflectores brillaban sobre nosotras, y fue Twiggy nuestra mayor embajadora. En la década de 1960, la modelo contaba que debía su obsesión con nosotras a las muñecas de su infancia, dotadas de espesas y tupidas pestañas en párpados superiores e inferiores: “seguramente quise imitarlas”, decía mientras nos hacía aletear sobre sus enormes ojos azules. Ella creó una tendencia: pestañas oscuras, largas, rizadas, voluminosas y bien definidas se convirtieron en los doll eyes por excelencia, inspirando incluso el nombre de una de las máscaras estrella de la casa líder en este cosmético, la inigualable Lâncome. 



Al principio, sólo nos pintaban de negro, luego llegaron los tonos cafés para las rubias, y más tarde había colores violeta, verde e índigo, alocadas creaciones de Revlon que iban más relacionadas con la psicodelia de esos años. Esta tendencia continuó hasta bien entrados los 80 y 90, épocas en las que también el azabache estaba en auge, para quienes buscaran lucirnos en una tonalidad más natural. 


Encontrar el rímel ideal parece ser una de las mayores proezas de toda mujer, y claro, de nosotras sus pestañas. Queremos lucir abundantes y gruesas, no escasas y pegadas. Deseamos ser un conjunto uniforme que confiera sensualidad a la mirada, sin que eso nos convierta en una plasta indistinta repleta de residuos de maquillaje difícil de retirar al final del día. Somos como nuestras dueñas, diferentes en cada una: a veces largas y rizadas, en ocasiones más cortas y lacias, podemos ser muchas o pocas, pero siempre al servicio de nuestra propietaria. 



“Sólo tengo que hacer tres cosas para verme decente: rizar mis pestañas, rellenar mis cejas y ponerme un poco de lápiz labial, dice Courtney Cox. Se dice que en todo rostro hay dos elementos en constante batalla por el papel estelar: los ojos y los labios. Las pestañas nos sentimos en absoluta competencia con los labios en varios contextos: por un lado, ellos guardan tu boca, tus palabras; nosotras, tus ojos y, por consiguiente, tu mirada. Ellos pueden ser dulces y suaves, y transmitir mensajes al ser el medio de las palabras y los besos, y nosotras dar a tu mirada un brillo enmarcado que puede darle un efecto tan espectacular como La noche estrellada de Van Gogh. Es una guerra sin vencedor, pues ambos damos armonía a las caras humanas. 


¿Cómo puede lucirnos mejor una mujer? La regla número 1 del maquillaje es nunca destacar a ambos al mismo tiempo: si eliges pintar tus labios intensamente, tus ojos (y por consiguiente, nosotras) deben permanecer neutrales, por lo que un poco de máscara puede ser suficiente, acompañada de sombras en tonos nude. Si en cambio, quieres que los reflectores estén en tu mirada, nosotras seremos protagónicas junto con unos párpados que servirán como escenografía de fondo con un smokey eye, o quizás en colores más atrevidos y brillantes, sobre los que bailaremos cual plumas de pavoreal.



Al igual que la piel, este marco sugestivo de filamentos suplica cuidado y cariño, pues sin nosotras tus ojos sufrirían constantes ataques de impurezas que, en su debida proporción, son cual meteoritos estrellándose sobre planetas. Si a esto sumas que somos a tus ojos lo que tu cabello a tu cabeza, no querrás perdernos jamás. Desmaquíllanos cuidadosamente, no vayas a la cama con máscara y, si puedes, agrega a nuestras raíces un suero fortificante.



Adrienne Rich dijo:
“La contraseña es el parpadeo de una pestaña”. A nosotras debes todo el lenguaje de tus ojos. Nuestro rol más fascinante es cuando damos sentido a tu mirada. Un rápido y constante batir de pestañas es un coqueteo, un apretón de párpados se traduce en desagrado, y un sólo y lento pestañeo a modo de abanico significa una máxima indignación… hemos hablado sin palabras por miles de años sobre las miradas del mundo entero. Nos hemos humedecido con tus lágrimas y engalanado con los más distinguidos maquillajes. Así es, somos las chicas más sensibles y fashionistas de tu rostro. No nos malinterpretes, nos encanta nuestra labor de protección. Ser tu propia Florence Nightingale nos mantiene alertas, pero no hay nada como ayudarte a decir lo que sientes con nuestro cuerpo de baile, cuya coreografía tiene un repertorio tan amplio como la historia de la humanidad.


“Toma el universo entero y ponlo sobre tus pestañas” — Yunmen Wenyan


“Es delicioso besar las pestañas del ser amado, ¿no es así? Pero nunca tan delicioso como cuando hay lágrimas frescas sobre ellas.” — Walter Savage Landor




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Referencias:


“Descubre la maravillosa historia de la belleza de las pestañas...”, María Cupani en Vix, disponible en https://www.vix.com/es/imj/belleza/151951/descubre-la-maravillosa-historia-de-la-belleza-de-las-pestanas, visto el 8 de octubre de 2020.


“Conoce la historia de la mascara de pestañas”, Belleza por un propósito, disponible en http://bellezaporunproposito.mx/mascara-de-pestanas/, visto el 8 de octubre de 2020.


“La historia de las pestañas a través de los siglos”, Eyelashes in history, disponible en http://eyelashesinhistory.com/index_spanish.html, visto el 8 de octubre de 2020.

Comentarios

  1. Las pestañas el marco perfecto del rostro, dice mucho de tí, me encantan tus artículos Fer
    Super completos

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  2. ¡Wow! De verdad que me encantó conocer toda la historia, creación, belleza y glamour que mis pestañas conllevan. ¡Excelente post! Ya quiero leer el siguiente, 👏 ¡Felicitaciones a la autora! Las ligas y los apoyos visuales vienen perfectos. ¡Aw, el liga en la piernita de Betty, ternurita! Jeje
    ¿La autora tendrá alguna otra red social para seguirla, por ejemplo Instagram?

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. ¡Muchas gracias por todos los cumplidos y por tu atenta revisión! Por el momento, y gracias a tu comentario, estoy evaluando la idea de lanzar una cuenta de Instagram para el blog.

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  3. Me parece que sería genial que tuviera una cuenta de Instagram .Las pestañas son una parte muy importante de la mirada ,de la seducción y ahora con el uso de cubrebocas la comunicación visual adquiere mayor importancia.Me gusto mucho

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