Espejito, espejito: reflejos y reflexiones de amor y odio
“Puedo verme a mí mismo en el plato de agua… si tomo toda el agua, ya no podré verme… aunque tengo mucha sed… ¡pero prefiero verme a mí mismo”. — Snoopy
“El espejo debía pensarlo mejor antes de reflejar” —Jean Cocteau
Tengo un trabajo difícil. Sé que todos lo dicen, pero espera a conocer mi historia: aunque lo hago igual todos los días, el resultado puede ser muy variable. A veces me obsequian sonrisas que devuelvo, pero otras me hacen muecas de tristeza o de dolor y no puedo más que corresponder. Mi naturaleza es la reciprocidad, obtienes de mí lo que me das. Eso es inevitable.
Me miras y te miras. Nos encontramos todos los días a varias horas, y nos vemos aún más a menudo cuando se acerca un evento importante. Sabes cómo te ves gracias a mí, pero ni siquiera reparas en cómo soy yo. Puedo ser enorme o pequeñísimo y estar en todas partes: en tu casa y en tu auto, en las oficinas y en las tiendas, en las estancias elegantes y en los restaurantes, en los consultorios y en los quirófanos, en los camerinos y en los salones de danza, en los telescopios y en los microscopios.
Poseo infinidad de rostros y a la vez ninguno. En mis más de ocho mil años de existencia, he visto más caras que una cámara fotográfica, a la que, por cierto, también he visto por dentro y auxilio en su labor. Todo mundo me utiliza y soy en función de lo que muestro. Carezco de sentidos, y sin embargo, soy considerado el más duro juez sobre la faz de la Tierra.
Soy el espejo, ése al que amas y odias con la misma intensidad. Puedo reflejar todo lo que toca la luz y mi papel en tu vida diaria es amplio, versátil, ecléctico y bastante complicado. Podrá sonar irónico viniendo de mí, pero no me gustan las dobles caras: yo digo la verdad y muestro lo que veo, cuestión que muchas veces genera incomodidad en mis usuarios.
He acompañado a la humanidad por mucho tiempo. Mi primera forma fue en el agua: las personas descubrían sus reflejos y quedaban fascinadas ante la revelación de cómo eran físicamente. De aquí deriva el famoso mito de Narciso, castigado por Némesis (diosa de la venganza) por rechazar cruelmente el amor de una ninfa; ¿su penitencia? Enamorarse tanto de su propia imagen al grado de morir ahogado en una fuente.
![]() |
| Echo and Narcissus (1903) - John William Waterhouse |
Pese a mis encantos, mi estado era frágil y efímero, a expensas del viento, la lluvia o algún otro elemento capaz de interferir en la superficie lisa necesaria para proyectar lo que me rodeaba. Fue en Anatolia, actual Turquía, donde comenzaron a crearme como un objeto en 8,000 a.C., y lo hicieron a partir de obsidiana pulida. Con el descubrimiento del metal, egipcios y mesopotámicos me fabricaron a partir de cobre y otros materiales bruñidos entre 4,000 y 3,000 a.C., pero tenían que trabajar mucho para lograr un resultado todavía muy alejado del que tienes hoy al mirarme en tu polvera. Unos mil años más tarde, en América Central y del Sur, pulían piedra hasta alisarla lo suficiente para obtener un reflejo. Y en India y China, consideraron que con el cobre se podría lograr un efecto más cercano a la realidad. A pesar de caminar tanto tiempo entre los humanos, no aparecí en los libros de historia sino hasta que Plinio el Viejo me registró en el siglo I como espejo de vidrio en su enciclopedia de Historia Natural.
![]() |
| Espejo egipcio |
Pasaron centenas de años para que los venecianos me perfeccionaran. En el siglo XVI, la ciudad italiana se volvió la cuna de los más reconocidos maestros vidrieros. Con ellos crecí literalmente, pues ya no era solamente un objeto de tocador al llegar a cubrir paredes enteras. Además, mi calidad era superior: mi fidelidad con la realidad era similar a la del agua, pero sin los problemas de la interferencia ambiental.
Progresé en muchos aspectos además de mi tamaño. Ahora estaba hecho de una fina capa de metal perfectamente alisada recubierta de una superficie de vidrio, lo que evitaba la oxidación. Fui un éxito en Europa y me llevaron a Asia y a América, por lo que pude reflejar nuevos mundos y conquistar más rostros.
Caras nobles y plebeyas, jóvenes y ancianas, de rasgos finos y hoscos, sonrientes, de ceño fruncido, y hasta chimuelas. Veía de todo, y con mis diversos tamaños también proyecté estaturas y complexiones de lo más diversas. Entonces vi pasar todo tipo de modas ante mí, desde las más extrañas e incómodas, hasta las que implicaron rebeldía o profesionalismo, pasando por maquillajes y peinados muy hermosos, pero también otros muy extravagantes. Apenas en 1835, en Alemania, fue que tomé la forma con la que me conoces hoy en día, gracias al alemán Justus von Liebig, químico que desarrolló un proceso para formarme con una delgada capa de plata y un panel de vidrio. Luego quisieron hacerme portátil y me incluyeron como un objeto imprescindible de las cosmetiqueras femeninas, y hasta me hicieron con aumento para que las chicas pudiesen apreciar sus rasgos como si los viesen con una lupa.
Aún cuando soy un objeto en apariencia simple, el ser humano siempre ha sentido que guardo cierto grado de misterio. Es por ello que he tenido grandes papeles en la literatura. Basta con recordar a la reina de Blancanieves, quizás la más bella y famosa villana, que clamaba las conocidas líneas: “Espejito, espejito: ¿quién es la más bella?”. Otro claro ejemplo es Alicia, la heroína de Lewis Carroll, quien me atraviesa y llega a un mundo inverso al suyo en una narrativa tan disparatada como genial. En La Bella y la Bestia, soy un ornamento encantado capaz de mostrar lo que mi portador solicite. Michael Ende me describe en La historia interminable como un obstáculo a vencer en la misión de Atreyu, quien sólo logrará avanzar al enfrentarse a su mayor rival: el reflejo de sí mismo. Está también mi versión de la Tierra Media, surgida de la pluma de J.R.R. Tolkien, en donde la etérea Galadriel me posee como una pila de agua en la que se refleja el futuro durante la travesía de El señor de los anillos. J.K. Rowling prefiere imaginarme con otro tipo de poderes en su célebre serie de libros de Harry Potter: como espejo de Oesed (“deseo” al revés / Erised, por “desire” en la versión original en inglés) soy capaz de reflejar los anhelos más profundos y desesperados del corazón de quien se para frente a mí.
Soy además un recurrente tema en las artes, ya sea como auxiliar o como protagonista. En las artes escénicas, mi papel es el de crítico, pues ayudo a los bailarines a rectificar su postura, aunque también suele ser escenográfico, causando una sensación de amplitud en los espacios. En la pintura, suelo ser un personaje místico: tan sólo mira la obra Los amantes (1963), de Remedios Varo, y apreciarás la metáfora de una atracción narcisista al grado del ensimismamiento. En la moda, soy uno de los mejores aliados en todos los procesos: en las pruebas ayudo a apreciar prendas desde todos los ángulos, y sin mí sería imposible verificar que cabello y maquillaje luzcan óptimos previos a una pasarela, papel que juego también en el cine.
![]() |
| Los amantes (1963) - Remedios Varo |
![]() |
| Ballet mirror sitting - Anónimo |
Hasta ahora, mi forma más común es la plana, pero se han descubierto más usos para mí y he tenido que cambiar para cumplir otras funciones. Hay ocasiones en las que mi objetivo no es reflejar las cosas tal cual son, sino proyectar la luz en los ángulos adecuados. ¡Me divierten mucho mis efectos! Cuando soy cóncavo, parezco parte del interior de una esfera hueca, agradando o achicando la imagen según la distancia; si el objeto está lejos, lo muestro al revés. Cuando soy convexo, en cambio, muestro las imágenes más pequeñas. Me diversifiqué y con ello llegó la posibilidad de abrir los ojos humanos al universo: me incluyeron en telescopios reflectores porque consigo una imagen ampliada al desviar rayos de luz.
Todas estas variantes me consiguieron viajar de nuevo, pero ¿a dónde si ya conocía todos los continentes? A la Luna. Así es, fui a todas y cada una de las misiones Apolo y gracias a mí puede medirse la distancia precisa que hay entre la Tierra y su satélite natural: se envían haces de luz láser que me encargo de reflejar y, al saber la velocidad de la luz, se mide cuánto se tarda en regresar. De ahí se obtiene el dato de la separación entre ambos cuerpos celestes.
Como toda creación, puedo ser mejorado. Mi versión más perfecta refleja no sólo la luz, sino cualquier onda electromagnética (recordemos que la luz es una de tantas), y es por eso que gané un lugar importante en tantas labores de la ciencia: desde las microcirugías láser hasta los grandes satélites que exploran el universo, pero nunca he abandonado mi primera función: la de reflejarte.
Actualmente, se han creado incluso los llamados “espejos inteligentes”. El nombre me ofende, porque considero que, a pesar de mi aparente simpleza, cumplo con roles bastante extraordinarios. Pero el tiempo me ha mostrado que la humanidad se maneja bajo tendencias, y la de ahora es la de llamar “smart” a todo lo que añaden tecnología táctil o virtual. En esta modalidad, soy capaz no sólo de mostrarte cómo te ves sino cómo te verías con cierto atuendo, joyería o peinado. ¿Quién iba a decirlo? Después de todo, sí tengo una manera de predecir el futuro, aunque sea uno a muy corto plazo, y así, ayudarte a tomar decisiones.
No todo en mí es vanidad. Estoy presente por doquier y te auxilio en casi la totalidad de las actividades de tu día a día, pero apenas te das cuenta. Me asocias siempre con tu propia imagen y puedes amarme o repudiarme. No soy más que un reflejo tuyo en determinado momento y bajo cierta cantidad de luz, modifica estos factores y voilá! Mi efecto cambiará por completo tu percepción, al menos la física.
Alguna vez oí a un par de amigas charlar mientras pasaban junto a la pared de un centro comercial cubierta por mí (sí, también revisto edificios, por si no lo habías notado). Una de ellas vio su reflejo en mí y acomodó su cabello, mientras la otra rió ante la súbita parada de su compañera. La primera entonces declaró: “¿Que no sabes que no debes confiar en una mujer que pase frente a un espejo y no se detenga a mirarse?”. Ese pequeño gesto me llenó de orgullo, pues me hizo reafirmar mi posición de confidente femenino, aún cuando no siempre les muestre lo que quisieran ver.
Es verdad: tengo muchos poderes y roles, pero también tengo algunas carencias: puedo ser muy preciso al decirte cómo te ves, mas no para decirte quién eres más allá de una imagen. Eso sólo lo sabes tú. Soy capaz de intimidar aún sin un rostro propio, porque enfrentarse a sí mismo es lo más duro que una persona puede hacer. Los humanos se llenan de triunfos y placeres, pero también de culpas y pérdidas, reflejando todo ello en un espejo muy superior a mí: la mirada como la ventana de sus almas, de la que no soy más que una mera proyección, pero a la vez una evidencia para que puedas apreciarla. En mi experiencia, creo que lo que dicen es cierto: “la belleza está en los ojos de quien la mira”. Y tú, ¿cómo te sientes frente a mí?
“El mundo es como un espejo; frúncele el ceño, y te lo fruncirá. Sonríele y te sonreirá también”. — Herbert Samuel
“El espejo es la consciencia de las mujeres. Ellas no hacen nada sin consultárselo antes”. — Moritz G. Saphir.
_______________________________
Referencias:
“¿Quién inventó el espejo?”, Ok Diario, disponible en https://okdiario.com/curiosidades/quien-invento-espejo-881853, visto el 1 de octubre de 2020.
“Historia del espejo. Origen e inventor”, Curiosfera, disponible en https://curiosfera-historia.com/historia-del-espejo-inventor-origen/, visto el 1 de octubre de 2020.
“Mirror sayings and quotes”, Wise old sayings, disponible en https://www.wiseoldsayings.com/mirror-quotes/page-1/, visto el 1 de octubre de 2020.













Te felicito por este trabajo tan cuidado y fluido, muy orgánico y agradable de leer. De verdad es un oasis encontrarse textos con ortografía impecable y que reflejan atención al escoger las palabras. Muy ameno de verdad y con buenas referencias. Sigue adelante.
ResponderBorrar¡Muchas gracias! Se lo debo en gran parte a que son temas que dan para mucho : ) Ojalá que disfrutes los otros posts tanto como éste.
BorrarMe encanto Fer, mega completo
ResponderBorrar¡Gracias, Pau!
BorrarWooow, como siempre, interesante, reflexivo. Con esa capacidad de hacerme ver todo lo que ni por mi mente pasa, detalles que ni en cuenta. Como siempre una manera más que atractiva de aprender. Mis felicitaciones y gracias!!
ResponderBorrar¡Gracias! Yo también aprendo mucho escribiendo sobre estos temas. Espero que los siguientes te gusten tanto o más que este post : )
Borrar