Botas: recorriendo el mundo en compañía de las mejores exploradoras

 “Cuando ves a alguien ponerse sus grandes botas, puedes estar bastante seguro de que una aventura sucederá.” — A. A. Milne


“Uno debería tener siempre las botas puestas y estar listo para irse.” — Michel de Montaigne





Intrépida y cómoda. Casual y chic. Elegante y versátil. Corta, larga, delicada o resistente. Ningún calzado es tan poderoso como yo, que voy bien en casi cualquier ocasión y proporciono confianza en el andar. 


Hay muchas formas de dar un paso. Algunos son en escarpados terrenos, otros taconeando en pasarelas. Unos más ocurren en pistas de baile mientras que unos cuántos se producen sobre el hielo o la lluvia. Soy el todo terreno que va contigo en cada camino. Soy las botas.


Bien cantaba Nancy Sinatra “these boots are made for walking, and that’s just what they’ll do”: me crearon y no he dado marcha atrás. Todo lo opuesto: mi mirada va al frente y en el transcurso del tiempo he adquirido más caras y usos. Si bien es cierto que me hicieron con un fin utilitario, mi diseño nunca estuvo exento de cierta estética. 



Soy más vieja de lo que crees. He acompañado a la humanidad por milenios: basta con mirar algunas pinturas rupestres halladas en España para encontrar documentación de mi existencia. Mis ejemplares más antiguos proceden de Mesopotamia y Egipto, en donde hombres y mujeres me portaban por igual para proteger sus pies. 



Pero, como ha sucedido con otras piezas de la moda — como los bolsillos —,  poco a poco me destinaron más a los caballeros, mientras que las mujeres tuvieron que usar un calzado más ornamental que utilitario que poco tenía que ver conmigo e imposibilitaba caminar sobre suelo no doméstico. Las pocas ocasiones en que cubrí pies femeninos eran aquellas en las que las chicas de clase alta montaban a caballo. 


A pesar de ser un objeto tan funcional, me volví un lujo. Las fuertes labores rurales se hubieran beneficiado conmigo como aliada, pero las reglas sociales no lo permitieron y los trabajadores de ambos sexos se vieron forzados a andar descalzos o a portar calzado de lo más inadecuado para realizar sus diversas actividades.


El siglo XIX fue arrasado con cambios y descubrimientos tecnológicos, incluyéndome. Las mujeres adquirieron mayor importancia en sociedad y con ello, buscaron salir más del hogar y ampliar sus horizontes, paso que debía darse con los zapatos adecuados. En la década de 1830, empezaron a diseñarme especialmente para el sexo femenino: con lazos, botones, caña baja… no me parecía en nada a mi versión masculina, ni al estilo militar o de trabajo. Era un estilo muy distinto, más refinado y delicado. Aún así, y por increíble que parezca, estos primeros diseños para mujeres seguían muy detrás de los que se creaban para los hombres en lo que a lujo y confort se refiere, pues era el calzado varonil por excelencia y había maestros zapateros especializados en tal oficio. 



Curiosamente, fue un miembro de la realeza quien fomentó mi uso entre las mujeres, y no fue precisamente mi modalidad de caña alta para montar a caballo. Fue la Reina Victoria quien me popularizó, incluso ideó el diseño “bota Balmoral” (en honor a esta región de Escocia) que, con suela gruesa y cubriendo hasta el tobillo, era la aliada ideal en las caminatas. Fue tal mi éxito que nadie quería salir sin mí, aún cuando la ocasión fuera elegante o solemne. Comenzaron entonces a darme formas y decoraciones dignas de las grandes fiestas y dejé de ser confeccionada exclusivamente en cuero: seda, tafetán y otros lienzos se usaron en mi fabricación, por lo que adquirí caras y estilos que, hasta el momento habían permanecido desconocidos para mí. Nunca olvidaré mis primeros bailes, y el sonido de mis suelas en los elegantes pisos de madera de las mansiones y palacios… evité fuertes torceduras de tobillo gracias a que mi caña los protegía. Lo que sí lamento es que, a pesar de contar con bellos diseños y ornamentos, era prácticamente una desconocida para todos los ojos a excepción de los de mi propietaria: sus vestidos eran tan largos que me ocultaban por completo. Pero ya llegaría mi momento de ser protagonista de un vestuario, era cuestión de esperar.


En la segunda mitad del siglo XIX, ya era toda una dama de sociedad. Cubría pies de hombres y mujeres en verano y en invierno, bajo la lluvia y el rayo del sol, sólo cambiaban mis materiales y mi forma. Soy versátil y adaptable, no le temo al cambio, y es eso lo que me ha dado tantas facetas a lo largo de mi historia.


Fue en esta misma época que comenzaron a diseñarme con caña alta para las mujeres, y empezó a hacerse la diferenciación entre bota y botín, siendo el segundo mi versión petite de menor cobertura que, en ese entonces, usaba más la clase baja. Como todo mundo usaba ya algún tipo de bota, fue necesario iniciar mi producción en serie, pero con esta idea de fábrica se acaba también mi uso en fiestas: regresé a ser un instrumento de trabajo.



En la Segunda Guerra Mundial jugué un papel esencial. Los soldados requerían zapatos prácticos, cómodos, con los que se pudiera andar por cualquier tipo de superficie, trepar y correr. Klaus Martens diseñó mi estilo más rudo, el militar, y aquí nace una de las marcas de moda más antiguas en fabricarme: Dr. Martens. De aquí se derivaron varios estilos posteriormente, pero conservando una forma más bien redondeada y cubriendo el tobillo o hasta media pantorrilla.


Mantuve este estatus hasta la década de 1950, cuando pude volver como prenda de lujo. Me convertí en el hermoso calzado invernal o, de nuevo, en el par de zapatos ideal para la equitación. Pero debo decir que fueron los 60’s los años en los que en verdad florecí, y no sólo por el “flower power”, sino porque fue un marcado parteaguas en laque a moda y estilos se refiere: el cuero — mi habitual materia prima — ya no era sólo utilitario, sino un lienzo artístico más en el que se plasmaban todos los colores del arcoíris en gran variedad de figuras. Me llenaron de diseños psicodélicos multicolor y adquirí nuevas texturas al ser fabricada en vinilo y plástico también. Nunca antes tuve tantas siluetas: de caña alta o baja, con o sin tacón, grabada o lisa, con bordados o pintada, incluso estilo “granny” (puntiaguda y repleta de agujetas, al más puro estilo de la malvada bruja del oeste de El Mago de Oz) o en forma de “bota Beatle” (debiendo al apodo al famoso cuarteto de Liverpool, por supuesto). 



En los años 70 mantuve mi estatus, me agregaron algunas plataformas y me convertí en símbolo del estilo “a-go-go”, se empezó a considerarme sexy al permitirme alcanzar nuevas alturas rebasando las rodillas femeninas. Faldas más cortas y botas más largas parecía ser la regla inequívoca el estilo más atractivo de la época. Una forma muy distinta, pero que hoy en día sigue vigente, también se originó en estos años: la yellow boot, antes sinónimo de explorador, pero actualmente más relacionado con un estilo desenfadado casual. Fue la primera vez que me fabricaron en nubuck y fue Sydney Swartz (hijo del fundador de Abington Shoe Company) quien decidió usar este material para que, al introducirme al agua, mi interior siguiera seco; me agregó una suela de goma y voilá! Fui un éxito instantáneo. Me llamó Timberland y, desde 1978, no han dejado de fabricarme, aunque ahora lo hacen con helcor, un material más resistente al agua, al fuego y a las roturas. 



Lo mejor de toda esta popularidad es que incluso se mantuvo en la década de 1980, donde además, volvió el furor por mi versión estilo vaquero. Mi silueta cowboy había sido relegada a ciertas regiones de Estados Unidos en donde eran parte de la indumentaria pueblerina, pero Hollywood y los medios hicieron que nuevos ojos se clavaran en mí, y regresé más poderosa que nunca, aún sin tener espuelas, basta ver Urban Cowboy para darse una idea. También debo a Han Solo mi repentina popularidad de caña alta y sin tacón, pues esta tendencia continúa aún en nuestros días, en los que hay cierta época del año en la que a las mujeres les gusta combinarme con chalecos y skinny jeans. 




He recorrido calles y pasarelas por igual, en vestuarios de trabajo y también en los atuendos más chic. Ya no me fabrican en seda o tafetán, pero el cuero sigue siendo una de mis pieles y apariencias más comunes. Sin embargo, puedes encontrarme de ante o de charol en mis ejemplares más altos y sexies, por lo general con el sello de diseñadores como Stuart Weitzman. 



También puedes encontrarme en formatos más resistentes como el caucho, utilizado para que pueda ser la mejor opción cuando camines bajo la lluvia; marcas como Hunter, Coach e incluso Burberry, han hecho de una de mis versiones más utilitarias (y supuestamente anti-estéticas) una auténtica tendencia en la moda de esta década, aunque hace ya un par de siglos que se inventaron: solían llamarme “katiuskas”, y surgieron en 1817 a solicitud del Duque de Wellington (de ahí que hoy me conozcan como “Wellies” cuando tomo esta forma), quien me necesitaba en el campo de batalla en cualquier condición climática y poder llevarme por debajo del pantalón en la noche para protegerse del frío y no mojarse los pies. Debemos a Charles Goodyear mi manufactura actual: sumamente resistente y 100% impermeable.




Si se trata de mantener los pies calientes en un estilo relajado pero muy chic, UGG es la respuesta: botines y botas de piel de oveja han hecho que portarme sea como caminar sobre una nube, siendo este formato el primero que no necesita intermediarios: no tienes que usar medias o calcetines, mi interior es suave, cálido y cómodo, sumando a ello que ahora es además repelente de líquidos y manchas. ¿Qué más se puede pedir?


No me considero una prenda ambiciosa. Soy más bien una aventurera, no por nada en la literatura se habla de botas de siete leguas y de un minino que las luce. Me gusta que me lleven a todas partes y acompañar a la gente en sus caminatas del día a día. Me gusta explorar diferentes terrenos y diversos climas porque nací para que los humanos pudieran conocer el mundo sin preocuparse por sus pies (ellos han sido mi responsabilidad). Amo descubrir lugares, pero también divertirme: montar a caballo, bailar sin parar, saltar sobre los charcos y oír a mis portadores reír sin parar al hacerlo… soy capaz de quitarles esa preocupación de dañar su ropa o enfermarse, y eso les hace disfrutar de algunos momentos invaluables de la vida. Soy como un camaleón, adquiero la elegancia o el desenfado de quien me use y tomo tantas personalidades como pies hay en el mundo. 


“Es peligroso, Frodo, cruzar tu puerta, pones tu pie en el camino y si no cuidas tus pasos, nunca sabes a dónde te pueden llevar”, dice Bilbo Baggins a su sobrino en La Comunidad del Anillo. Le faltó decir que llevara consigo un buen par mío, pero a su favor, recordemos que los hobbits siempre iban descalzos y sus pies parecían resistirlo todo. Para todos los demás que quieran emprender una travesía por el mundo, estoy yo, fiel acompañante, excelente protectora, siempre chic y tremendamente sexy cuando me lo propongo. 


 


“Cuando la inclinación natural se convierte en un deseo apasionado, uno avanza hacia su meta con botas de siete leguas.” — Nikola Tesla


“Es algo grandioso morir en tu propia cama, aunque es aún mejor morir con tus botas puestas.” — George Orwell.



_______________________________________




Referencias:

  • “Botas: una historia”, disponible en https://www.biblioteca.org.ar/libros/cueros/botas_historia.htm#:~:text=BOTAS%20%3A%20Una%20historia&text=Las%20piezas%20m%C3%A1s%20antiguas%20que,fines%20tanto%20utilitarios%20como%20suntuarios., visto el 24 de noviembre de 2020. 
  • “Prendas con historia: las botas”, por Yannick Ramos en El Attelier, disponible en https://www.elattelier.com/prendas-con-historia-botas/,  visto el 25 de noviembre de 2020.
  • “La bota amarilla de Timberland cumple 40 años”, disponible en https://www.lavanguardia.com/de-moda/moda/20131014/54391780367/bota-amarilla-timberland-cumple-40-anos.html, visto el 25 de noviembre de 2020. 

Comentarios

  1. Hola estimada Sui, tu fan Letra Historiada, te escribe desde lo más profundo de las letras, jeje. Es un artículo que como todos los demás me ha dejado ¡Wow! Lástima que unos de los vídeos no se haya podido reproducir para contextualizar. La imagen de las botas de palma o algún material parecido de Mesopotamia me hicieron reír un poco 😂 al relacionarlo con mocasines. Poner el vídeo musical de Sinatra amenizó mi lectura ¡Me encantó!
    Gracias Sui por estas letras tan interesantes que nos compartes y que hacen que me sienta como protagonista del artículo, luciendo algo de ello tan bello de lo que nos hables.
    Abrazo fuerte y espero con ansias el siguiente artículo 😊

    ResponderBorrar
  2. Querida Letra Historiada,

    Muchas gracias por ser una fiel seguidora de mi blog. Este es un espacio de amor a la belleza, a la moda y al ingenio humano para diseñar objetos que, además de solucionar cuestiones que hoy consideramos básicas, nos envuelven en una estética inherente a nuestra existencia.

    Creo que el video que no pudo reproducirse, te permitirá hacerlo si le vuelves a dar clic y lo abres en YouTube, me parece que es una cuestión del propietario del video (Stuart Weitzman) forzar a que se abra en su canal.

    Te agradezco muchísimo tus amables comentarios. Me hacen querer seguir adelante con este proyecto e inspirarme para mejorar.

    Un fuerte abrazo :)

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Diamantes: el eterno resplandor de una joya de múltiples facetas

Cómo conquistar el mundo... con los zapatos adecuados